Capítulo 1: Cuenta Lali:
Papá dijo: --Deja que mamá vaya primero.
Mamá quería que yo fuera primero. Creo que era porque estaba asustada de que luego de que ellos estuvieran encerrados y congelados, me iría, de vuelta a la vida, en vez de relegarme a esa caja fría y transparente. Pero papá insistió.
--Lali necesita ver cómo es. Ve tú primero, déjala mirar. Luego ella puede ir, y yo estaré con ella. Iré al último.
--Tú ve primero --Dijo mamá--. Yo iré al último.
El problema es que tienes que estar desnudo, y ninguno de los dos quería que yo los viera desnudos, no es como que yo quisiera verlos en su gloriosa y bruta desnudez, pero dada la opción, sería mejor que mamá fuera primero, ya que teníamos las mismas partes y todo eso.
Ella se veía tan delgada después de que se desvistió. Su clavícula sobresalía más; su piel tenía esa consistencia de delgado papel de arroz, esa apariencia deshidratada que tiene la piel de las personas mayores. Su estomago, una parte de ella que siempre mantenía escondida debajo de la ropa, se hundía de una manera arrugada, lo que le hacía ver aún más vulnerable y débil.
Los hombres que trabajaban en el laboratorio parecían poco interesados en la desnudez de mi madre, como también eran imparciales hacía la presencia de mi padre y la mía. La ayudaron a recostarse en su transparente caja de crioterapia(Aplicación de frío sobre el organismo). Se habría visto como un ataúd, pero los ataúdes tenían almohadas y parecía un poco más cómodos. Esto se parecía más a una caja de zapatos.
--Es fría --dijo mamá. Su pálida piel presionada contra la parte inferior de la caja.
--No lo sentirás --gruñó el primer trabajador. Su tarjeta de identificación decía ED.
Miré lejos cuando otro trabajador, Hassan, atravesó la piel de mamá con las agujas de las IV(Vía Intravenosa. Se utiliza para inyectar medicamentos en el organismo, directo en el torrente sanguíneo.). Una en su brazo izquierdo, conectada al pliegue interior de su codo; una en su brazo derecho, que sobresalía de esa gran vena bajo los nudillos.
--Relájese --dijo Ed. Era una orden, no una sugerencia.
Mamá mordió su labio.
El líquido en la bolsa de IV ya no fluía como agua. Bajaba como miel. Hassan apretó la bolsa, forzando a que bajara hacia la IV más rápido. Era azul cielo, como el azul del aciano(O azulejo. Planta herbácea anual o bienal de la familia de las asteráceas.) Que Jason me había dado en el baile de graduación.
Mi mamá siseó del dolor. Ed removió una pinza plástica amarilla de la IV vacía de su codo. Un flujo retrógrado de brillante sangre se disparó por la IV, vertiéndose en la bolsa. Los ojos de mamá se llenaron de agua. La sustancia azul viscosa de la otra IV brilló, un suave destello de cielo resplandeciente brillando por las venas de mi mamá mientras la sustancia subía por su brazo.
--Hay que esperar que llegue al corazón --dijo Ed, mirándonos. Papá apretó sus puños, sus ojos clavados en mi mamá. Los ojos de ella estaban cerrados, dos lagrimas calientes colgaban de sus pestañas.
Hassan apretó la bolsa de sustancia azul de nuevo. Una línea de sangre brotó por debajo de los dientes de mamá, donde ella estaba mordiendo su labio.
--Esta cosa es la que hace el trabajo de congelación --habló Ed en un tono familiar, como un panadero hablando de cómo la levadura hace que el pan se levante--. Sin él, pequeños cristales de hielo se forman en las células, y rompen las paredes celulares. Esto hace que las células crezcan fuertes ¿ves? El hielo no las rompe. --Miró a mamá--. Aunque duele como el demonio cuando lo inyectan.
Su cara estaba pálida, y estaba recostada en esa caja, y no se movía nada, como si moverse la fuera a romper. Ya se veía muerta.
--Quiero que veas esto --susurró papá. No me miró, aún estaba mirando a mamá. Ni siquiera pestañeó.
--¿Por qué?
--Así sabrás antes de hacerlo.
Hassan siguió amasando la bolsa de la sustancia viscosa. Los ojos de mamá rodaron hacía atrás por un momento, y pensé que había muerto, pero no.
--Casi listo --dijo Ed, mirando la bolsa de sangre de mamá. El flujo fue más lento.
El único sonido era la pesada respiración de Hassan mientras frotaba los lados de la bolsa de plástico de la sustancia viscosa. Un gemido suave, como de un gatito muriendo, salió de mamá.
Un resplandor azul pálido brillaba en la IV que salía del codo de mamá.
--Ok, para -dijo Ed--. Ya está todo en su sangre.
Hassan sacó las IV. Mamá dejó salir un suspiro.
Papá me empujó hacía delante. Mirando abajo hacia mamá, me recordó cuando miré a la abuela el año pasado en la Iglesia, cuando todos le dijimos adiós, y mamá dijo que ella estaba en un mejor lugar, pero todo lo que significaba era que estaba muerta.
--¿Cómo es? --pregunté.
--No es tan malo --mintió mamá. Al menos aún podía hablar.
--¿Puedo tocarla? --le pregunté a Ed. Se encongió de hombros, así que la alcancé, apoderándome de los dedos de su mano izquierda. Ya estaban fríos. Ella no apretó de vuelta.
--¿Podemos continuar? --preguntó Ed. Sacudió un gran gotero en su mano.
Papá y yo dimos un paso atrás, pero no tan lejos como para que mamá no pensara que la habíamos dejado en ese frío ataúd sola. Ed abrió los ojos de mamá. Sus dedos eran grandes, callosos, y parecían toscos troncos separando los finos párpados de mamá. Una gota de líquido amarillo cayó en cada ojo de color verde. Ed lo hizo rápido --gota, gota--, luego volvió a cerrar sus ojos, ella no los volvió a abrir.
Supongo que me veía atónita, porque, esta vez, cuando Ed me miró, el realmente paró de trabajar el tiempo suficiente para darme una sonrisa reconfortante.
--Evita que quede ciega --dijo.
--Está bien --dijo mamá desde su ataúd. Incluso aunque sus ojos estaban cerrados, podía oír las lagrimas en su voz.
--Tubos. --Dijo Ed, y Hassan le entregó un trío de tubos de plástico--. Ok, mira. --Ed se inclinó cerca de la cara de mamá.-- Voy a poner estos por tu garganta. No se sentirá bien. Trata de hacer como si los estuvieses tragando.
Mamá asintió con la cabeza y abrió la boca. Ed metió los tubos por su garganta. Mamá tragó, un movimiento violento que comenzaba en sus estómago y llegaba hasta sus partidos y secos labios.
Miré a papá. Sus ojos estaban fríos y duros.
Pasó un largo tiempo antes de que ella se quedara quieta y en silencio. Siguió tratando de tragar, los músculos de su cuello reorganizándose a sí mismos para acomodar los tubos. Ed ensartó los tubos por un agujero en la tapa del ataúd, cerca de la cabeza de mamá. Hassan abrió un cajón y sacó muchos cables eléctricos. Metió un montón de cables brillantes por el primer tubo, luego, un cable largo y negro con una pequeña caja al final bajó por el segundo tubo y, finalmente, un pequeño y rectangular pedazo de plástico que parecía un panel solar atado al final por una cuerda de fibra óptica. Hassan conectó todos los cables a una cajita blanca que Ed fijó sobre el agujero en la parte superior de lo que, me di cuenta, no era más que un elaborado cajón de embalaje.
--Di adiós. --Levanté la mirada, sorprendida por la amable voz. Ed tenía su espalda hacia nosotros, escribiendo algo en su computador; fue Hassan quien hablo. Asintió hacia mí, infundiéndome coraje.
Papá tuvo que tirar de mi brazo para que me acercara a mamá. Esta...esta no era la última imagen que quería de ella. Amarillo incrustado en sus ojos, tubos sosteniendo cables por su garganta, un suave resplandor azul cielo bombeando por sus venas. Papá la besó, y mamá sonrió un poco alrededor de los tubos. La palmeé en el hombro. También estaba frío. Me balbuceó algo y me incliné más cerca. Tres sonidos, tres gruñidos balbuceantes, la verdad. Apreté su brazo. Sabía que las palabras que estaba intentando hacer pasar por los tubos era "Te Amo".
--Mami --susurré, acariciando su suave piel. No la llamaba de otra forma que no fuese "mamá" desde los siete años.
--Está bien, eso es todo --dijo Ed. La mano de papá se enroscó en la parte interior de mi codo y me tiró suavemente. Me alejé. Cambió de táctica y tomó mi hombro, girándome hacía él con fuerza, tomándome en un abrazo apretado, y no me resistí esta vez. Ed y Hassan levantaron lo que parecía una versión de hospital de una manguera para incendios, y el agua salió con chispas azul cielo, llenando el ataúd. Mamá balbuceó cuando alcanzó su nariz.
--Solo respira --gritó Ed sobre el sonido del líquido corriendo--. Solo relájate.
Un grupo de burbujas salieron por el agua, ocultando su cara. Agitó su cabeza, no permitiendo que el agua la ahogara, pero un momento después, se rindió. El líquido la cubrió. Ed apagó la manguera y las ondas desaparecieron. El agua estaba quieta. Ella estaba quieta.
Ed y Hassan bajaron la tapa del ataúd de mamá. Pusieron la caja contra la pared del fondo, y sólo cuando la dejaron detrás de una pequeña puerta, noté todas las pequeñas puertas en la pared, como las de una morgue. Tiraron de la palanca hacia abajo. Un silbido de vapor se escapó por la puerta, el proceso de congelamiento había terminado. Un segundo, mamá estaba ahí, y al siguiente, todo lo que la hacía "mamá", estaba congelado y estancado. Era como si estuviese muerta por los siguientes trescientos siglos, hasta que alguien abriera la puerta y la despertara.
--¿La chica ahora? --preguntó Ed.
Di un paso adelante, volviendo puños mis manos para que no temblaran.
--No --dijo papá.
Sin esperar la respuesta de papá, Ed y Hassan ya estaban preparando otro ataúd. No les importaba si era él o yo; simplemente estaban haciendo su trabajo.
--¿Qué? --le pregunté a papá.
--Yo iré ahora. Tu madre no estaría de acuerdo con eso...ella pensó que te quedarías atrás, que decidirías no venir con nosotros. Bueno, te estoy dando esa opción. Ahora voy yo. Luego si quieres marcharte, no congelarte, está bien. Les dije a tus tíos. Están esperando afuera: estarán ahí hasta las cinco. Luego de que me congelen, puedes simplemente alejarte. Mamá y yo no lo sabremos, no por siglos, no hasta que despertemos, y si decides vivir en vez de congelarte, estará bien.
--Pero, papá, yo..
.
--No. No es justo para nosotros culparte de eso. Será más fácil que hagas una decisión honesta si no nos estás enfrentando.
--Pero te lo prometí, le prometí a mamá... --Mi voz se quebró. Mis ojos quemaban dolorosamente, y los cerré fuertemente. Dos rastros de lágrimas calientes bajaron por mi cara.
--No importa. Es una promesa demasiado grande para que la cumplas. Tienes que hacer esta decisión por ti misma... si quieres quedarte aquí, lo entenderé. Te estoy dando una salida.
--¡Pero ellos no te necesitan! ¡Puedes quedarte aquí conmigo! Ni siquiera eres importante en esta misión...¡estás con los militares, por el amor de Dios! ¿Cómo se supone que ayude un analista de batallas en otro planeta? Puedes quedarte aquí, puedes quedarte...
Papá negó con la cabeza.
-...conmigo --susurré, pero no había sentido en pedirle que se quedara. Su decisión estaba tomada. Y de todas formas, no era cierto. Papá era el sexto al mando y aunque eso no lo hacía exactamente comandante al jefe, aun era bastante alto. Mamá también era importante, nadie era mejor en la mutación genética, y la necesitaban para desarrollar cultivos que pudieran crecer en el nuevo planeta.
Yo era la única que no era necesaria.
Papá fue detrás de la cortina y se desvistió, cuando regresó, Ed y Hassan le permitieron usar una tualla de manos para cubrirse mientras caminaba para la cámara Criogénica. Se la quitaron cuando se acostó, y luego obligué a mis ojos a quedarse en su cara, no haciéndolo peor para ninguno de los dos. Pero su rostro irradiaba dolor, una mirada que nunca había visto en papá antes. Esto hizo que mi interior se retorciera con más miedo y más duda. Los vi conectar las dos intravenosas. Lo vi cerrar los ojos. Traté de contener el grito de horror resplandeciendo en mi mente y me mantuve erguida con una columna de hierro y la cara de piedra. Luego papá apretó mi mano, una vez, fuertemente, mientras metían el tubo en su garganta, y yo me derrumbaba por dentro y por fuera.
Antes de que llenaran su caja con el líquido azul, papá levanto la mano, mostrando el dedo menique, yo envolví el mío con el de él. Sabía a lo que se refería. Estaba prometiéndome que todo estaría bien. Y casi le creí.
Lloré tan fuerte cuando llenaron su cámara criogénica que no pude ver cuando su rostro se sumergía en el líquido. Luego bajaron la tapa, lo metieron en su bóveda, y una nube de vapor blanco se escapó por las grietas.
--¿Puedo verlo? --pregunté.
Ed y Hassan se miraron entre sí. Hassan se encongió de hombros. Ed abrió de nuevo la pequeña tapa y sacó el ataúd.
Y ahí estaba papá. El líquido traslúcido estaba congelado, y sabía que también lo estaba papá. Puse mis manos sobre el cristal, deseando que hubiera una manera de sentir su calor a través del hielo, pero me alejé rápidamente. El cristal estaba tan frío que quemaba. Luces verdes parpadearon en la pequeña caja eléctrica que Hassan había fijado en la parte superior del crío-tubo de papá.
No lucía como papá bajo el hielo.
--Así que --Ed dijo--, ¿vas a bajar o vas a dejar la fiesta temprano?
Empujó de nuevo el ataúd de papá en su pequeña ranura en la pared.
Cuando miré a Ed, mis ojos estaban tan llenos de lagrimas que su rostro parecía derretirse, y lucía un poco como un Cíclope.
--Yo...
Mis ojos se deslizaron a la salida, mas allá de todo el equipo de criogenia al otro lado de la habitación. Mas allá de esa puerta estaban mi tío y mi tía, a quienes amaba, con los que podía vivir felizmente. Y más allá de ellos estaban, Maxi y Rebeca y Heather y Robin y todos mis amigos. Y las montañas, las flores, el cielo. La tierra. Mas allá de esa puerta estaba la tierra. y la vida.
Pero mis ojos se dirigieron a las pequeñas puertas en la pared. Detrás de esas puertas estaban mi mamá y mi papá.
Lloré mientras me desnudaba. El primer chico que me vio desnuda fue Maxi, solo una vez, la noche en que descubrí que dejaría atrás todo en la tierra, y "todo" lo incluía a él. No me gustaba la idea de que los últimos chicos que me vieran desnuda fueran Ed y Hassan. Traté de cubrirme con brazos y manos, pero Ed y Hassan me hicieron removerlas para poner las intravenosas.
Y, oh, dios, era peor de lo que mamá lo hizo parecer. Oh, Dios. Oh, dios. Era frío y quemaba al mismo tiempo. Podía sentir como mis músculos se tensaban mientras el líquido azul entraba en mi sistema. Mi corazón quería salir, latir en mi caja torácica como un amante golpeando una puerta, pero el líquido azul hizo lo contrario y redujo el ritmo, así que en lugar de latidolatidolatidolatido, fue... latido.... latido....
....latido....
...
...
...latido...
...
Ed abrió mis parpados. ¡Plop! Líquido frío y amarillo llenó mis ojos, sellándolos como pegante. ¡Plop!
Ahora estaba ciega.
Uno de ellos, tal vez Hassan, golpeó mi barbilla, y abrí la boca obedientemente. Aparentemente no lo suficientemente grandes. Los tubos golpearon mis dientes. Y abrí la boca un poco más.
Y luego los tubos fueron empujados por mi garganta, fuertemente. No se sentían tan flexibles como lucían, se sentía como un palo de escoba engrasado siendo empujado en mi boca. Tuve ganas de vomitar una y otra vez. Pude probar la billis y el cobre alrededor de los tubos plásticos.
--¡Trágalo! --gritó Ed en mi oído--. ¡Solo relájate!
Fácil para él decirlo.
Unos momentos después de haber terminado, mi estomago se estremeció. Podía sentir como los cables dentro de mí eran jalados y empujados mientras Hassan conectaba la pequeña caja negra en la parte exterior de mi nuevo ataúd.
Sonidos de algo arrastrándose. La manguera.
--No sé por que alguien se enlistaría para esto-- dijo Hassan.
Silencio.
Un sonido mecánico, la manguera siendo abierta, líquido frío, muy frío, roció mis muslos. Quería mover mis manos para cubrirme ahí, pero mi cuerpo no se podía mover.
--No lo sé --dijo Ed--. Las cosas no son precisamente color de rosa en este momento. Nada ha estado bien desde la primera recesión, por no hablar de la segunda. Se suponía que el intercambio financiero iba a traer más trabajos, ¿no es cierto? No conseguí otra cosa que este trabajo, y terminará cuando todos estén congelados.
Otro silencio. El líquido criogénico iba ahora sobre mis rodillas, filtrando frío en los lugares de mi cuerpo que habían estado calientes, el pliegue de mis rodillas, bajo mis brazos, bajo mis pechos.
--No vale la pena tirar tu vida por la borda, no por lo que están ofreciendo.
Ed soltó un bufido.
--¿Lo que están ofreciendo? Están ofreciendo el salario de toda una vida en un solo cheque.
--No vale la pena por un viaje que no terminará sino en trescientos y un años.
Mi corazón se detuvo. ¿Trescientos... y un año? No... está mal. Son trescientos años, no trescientos y un años.
--Esa cantidad de dinero puede ayudar a una familia. Tal vez haga la diferencia.
--¿Qué diferencia? --Hassan preguntó.
--La diferencia entre sobrevivir o no. No es como cuando éramos pequeños. No importa lo que diga The Prez, esa ley financiera no va a ser capaz de solucionar esa clase de deuda.
¿De que están hablando? ¿A quién le importa la deuda nacional y los trabajos?
¡Vuelvan a ese año extra!
-De todos modos, un hombre tiene tiempo para pensarlo --continuó Ed--. Y considerar sus opciones. ¿Por qué retrasaron el lanzamiento de nuevo?
El líquido criogénico tocó mis orejas. Mientras mi ataúd se llenaba, levanté la cabeza.
¿Retraso? ¿Cuál retraso? Traté de hablar, alrededor de los tubos, pero llenaban mi boca, mi lengua y silenciaron mis palabras.
--No tengo idea. Algo sobre el combustible y la respuesta de las sondas. ¿Pero por qué nos están haciendo seguir con todas estas congelaciones según el calendario previsto?
El líquido criogénico creció rápidamente. Giré mi cabeza para que mi oreja derecha pudiera captar su conversación.
--¿A quién le importa? --Ed preguntó.- No a ellos... Simplemente duermen durante todo el proceso. Dicen que la nave toma trescientos años solo para llegar a otro planeta... ¿Cuál es la diferencia de un año más?
Traté de sentarme. Mis músculos estaban duros, lentos, pero luché contra ellos. Traté de hablar de nuevo, traté de hacer un sonido, cualquier sonido, pero el líquido criogénico se derramaba contra mi cara.
--Solo relájate --Ed dijo ruidosamente cerca a mi cara.
Sacudí la cabeza. Dios, ¿Ellos no lo sabían? ¡Un año haría un mundo de diferencia! Era un año más para poder estar con Maxi, ¡un año más para poder vivir! Me registré para trescientos años... ¡no trescientos y uno!
Manos gentiles --¿las de Hassan?-- me empujaron bajo el líquido criogénico. Contuve el aliento. ¡Quería mi año! Mi último año... ¡un año más!
--¡Respira el líquido! --la voz de Ed sonó distorsionada, casi indescriptible bajo el líquido criogénico. Traté de sacudir mi cabeza, pero mientras mi cuello y músculos se tensaban, mis pulmones se revelaron, y el líquido frío se precipitó por mi nariz mas allá de los tubos y hacía mi cuerpo.
Sentí la finalidad del líquido atrapándome en mi ataúd, blanco como la nieve.
Mientras uno de ellos empujaba a mis pies, enviándome a mi bóveda, imaginé que mi príncipe azul estaba afuera de mi pequeña puerta, que realmente podría venir y despertarme con un beso y podríamos tener un año más juntos.
Hubo un, clic, clic, grr, de los engranajes, y sabía que la congelación empezaría en cualquier momento, y luego mi vida no sería más que una nube de vapor blanco que escaparía por las grietas de la puerta de mi bóveda.
Y pensé: Por lo menos estaré dormida. Olvidaré, por trescientos y un años, todo lo demás.
Y luego pensé: Eso estará bien.
Y luego el ¡Whoosh! El flash de la cámara de congelación llenó la pequeña cámara. Estaba en el hielo ahora. Yo era hielo.
Soy hielo.
Pero si soy hielo ¿Cómo puedo estar consciente? Se suponía que debía estar dormida; se suponía que debía olvidar a Maxi, la vida y la tierra por trescientos y un años. Mucha gente había sido criogenizada antes que yo, y ninguno de ellos estuvo consciente. Si la mente es congelada, no puede estar despierta o alerta.
Leí antes sobre las víctimas de coma que se suponía debían estar inconscientes con la anestesia durante una operación, pero realmente estaban despiertos y sentían todo.
Esperé --y pedí-- que no fuera yo. No sería despertada sino en trescientos y un años. Jamás sobreviviría a eso.
Tal vez ahora estoy soñando. He soñado toda una vida, en una siesta de media hora. Tal vez aún estoy en ese espacio entre congelada y no congelada, y todo esto es un sueño. Tal vez aún no he dejado la tierra. Tal vez aún estoy en ese limbo antes del lanzamiento de la nave y estoy atrapada en un sueño del que no puedo despertar.
Tal vez aún tengo trescientos y un años esperando por mí.
Tal vez aún no estoy dormida. No del todo.
Tal vez. Tal vez. Tal vez.
Sólo estoy segura de una cosa: Quiero mi año de vuelta.
--Es fría --dijo mamá. Su pálida piel presionada contra la parte inferior de la caja.
--No lo sentirás --gruñó el primer trabajador. Su tarjeta de identificación decía ED.
Miré lejos cuando otro trabajador, Hassan, atravesó la piel de mamá con las agujas de las IV(Vía Intravenosa. Se utiliza para inyectar medicamentos en el organismo, directo en el torrente sanguíneo.). Una en su brazo izquierdo, conectada al pliegue interior de su codo; una en su brazo derecho, que sobresalía de esa gran vena bajo los nudillos.
--Relájese --dijo Ed. Era una orden, no una sugerencia.
Mamá mordió su labio.
El líquido en la bolsa de IV ya no fluía como agua. Bajaba como miel. Hassan apretó la bolsa, forzando a que bajara hacia la IV más rápido. Era azul cielo, como el azul del aciano(O azulejo. Planta herbácea anual o bienal de la familia de las asteráceas.) Que Jason me había dado en el baile de graduación.
Mi mamá siseó del dolor. Ed removió una pinza plástica amarilla de la IV vacía de su codo. Un flujo retrógrado de brillante sangre se disparó por la IV, vertiéndose en la bolsa. Los ojos de mamá se llenaron de agua. La sustancia azul viscosa de la otra IV brilló, un suave destello de cielo resplandeciente brillando por las venas de mi mamá mientras la sustancia subía por su brazo.
--Hay que esperar que llegue al corazón --dijo Ed, mirándonos. Papá apretó sus puños, sus ojos clavados en mi mamá. Los ojos de ella estaban cerrados, dos lagrimas calientes colgaban de sus pestañas.
Hassan apretó la bolsa de sustancia azul de nuevo. Una línea de sangre brotó por debajo de los dientes de mamá, donde ella estaba mordiendo su labio.
--Esta cosa es la que hace el trabajo de congelación --habló Ed en un tono familiar, como un panadero hablando de cómo la levadura hace que el pan se levante--. Sin él, pequeños cristales de hielo se forman en las células, y rompen las paredes celulares. Esto hace que las células crezcan fuertes ¿ves? El hielo no las rompe. --Miró a mamá--. Aunque duele como el demonio cuando lo inyectan.
Su cara estaba pálida, y estaba recostada en esa caja, y no se movía nada, como si moverse la fuera a romper. Ya se veía muerta.
--Quiero que veas esto --susurró papá. No me miró, aún estaba mirando a mamá. Ni siquiera pestañeó.
--¿Por qué?
--Así sabrás antes de hacerlo.
Hassan siguió amasando la bolsa de la sustancia viscosa. Los ojos de mamá rodaron hacía atrás por un momento, y pensé que había muerto, pero no.
--Casi listo --dijo Ed, mirando la bolsa de sangre de mamá. El flujo fue más lento.
El único sonido era la pesada respiración de Hassan mientras frotaba los lados de la bolsa de plástico de la sustancia viscosa. Un gemido suave, como de un gatito muriendo, salió de mamá.
Un resplandor azul pálido brillaba en la IV que salía del codo de mamá.
--Ok, para -dijo Ed--. Ya está todo en su sangre.
Hassan sacó las IV. Mamá dejó salir un suspiro.
Papá me empujó hacía delante. Mirando abajo hacia mamá, me recordó cuando miré a la abuela el año pasado en la Iglesia, cuando todos le dijimos adiós, y mamá dijo que ella estaba en un mejor lugar, pero todo lo que significaba era que estaba muerta.
--¿Cómo es? --pregunté.
--No es tan malo --mintió mamá. Al menos aún podía hablar.
--¿Puedo tocarla? --le pregunté a Ed. Se encongió de hombros, así que la alcancé, apoderándome de los dedos de su mano izquierda. Ya estaban fríos. Ella no apretó de vuelta.
--¿Podemos continuar? --preguntó Ed. Sacudió un gran gotero en su mano.
Papá y yo dimos un paso atrás, pero no tan lejos como para que mamá no pensara que la habíamos dejado en ese frío ataúd sola. Ed abrió los ojos de mamá. Sus dedos eran grandes, callosos, y parecían toscos troncos separando los finos párpados de mamá. Una gota de líquido amarillo cayó en cada ojo de color verde. Ed lo hizo rápido --gota, gota--, luego volvió a cerrar sus ojos, ella no los volvió a abrir.
Supongo que me veía atónita, porque, esta vez, cuando Ed me miró, el realmente paró de trabajar el tiempo suficiente para darme una sonrisa reconfortante.
--Evita que quede ciega --dijo.
--Está bien --dijo mamá desde su ataúd. Incluso aunque sus ojos estaban cerrados, podía oír las lagrimas en su voz.
--Tubos. --Dijo Ed, y Hassan le entregó un trío de tubos de plástico--. Ok, mira. --Ed se inclinó cerca de la cara de mamá.-- Voy a poner estos por tu garganta. No se sentirá bien. Trata de hacer como si los estuvieses tragando.
Mamá asintió con la cabeza y abrió la boca. Ed metió los tubos por su garganta. Mamá tragó, un movimiento violento que comenzaba en sus estómago y llegaba hasta sus partidos y secos labios.
Miré a papá. Sus ojos estaban fríos y duros.
Pasó un largo tiempo antes de que ella se quedara quieta y en silencio. Siguió tratando de tragar, los músculos de su cuello reorganizándose a sí mismos para acomodar los tubos. Ed ensartó los tubos por un agujero en la tapa del ataúd, cerca de la cabeza de mamá. Hassan abrió un cajón y sacó muchos cables eléctricos. Metió un montón de cables brillantes por el primer tubo, luego, un cable largo y negro con una pequeña caja al final bajó por el segundo tubo y, finalmente, un pequeño y rectangular pedazo de plástico que parecía un panel solar atado al final por una cuerda de fibra óptica. Hassan conectó todos los cables a una cajita blanca que Ed fijó sobre el agujero en la parte superior de lo que, me di cuenta, no era más que un elaborado cajón de embalaje.
--Di adiós. --Levanté la mirada, sorprendida por la amable voz. Ed tenía su espalda hacia nosotros, escribiendo algo en su computador; fue Hassan quien hablo. Asintió hacia mí, infundiéndome coraje.
Papá tuvo que tirar de mi brazo para que me acercara a mamá. Esta...esta no era la última imagen que quería de ella. Amarillo incrustado en sus ojos, tubos sosteniendo cables por su garganta, un suave resplandor azul cielo bombeando por sus venas. Papá la besó, y mamá sonrió un poco alrededor de los tubos. La palmeé en el hombro. También estaba frío. Me balbuceó algo y me incliné más cerca. Tres sonidos, tres gruñidos balbuceantes, la verdad. Apreté su brazo. Sabía que las palabras que estaba intentando hacer pasar por los tubos era "Te Amo".
--Mami --susurré, acariciando su suave piel. No la llamaba de otra forma que no fuese "mamá" desde los siete años.
--Está bien, eso es todo --dijo Ed. La mano de papá se enroscó en la parte interior de mi codo y me tiró suavemente. Me alejé. Cambió de táctica y tomó mi hombro, girándome hacía él con fuerza, tomándome en un abrazo apretado, y no me resistí esta vez. Ed y Hassan levantaron lo que parecía una versión de hospital de una manguera para incendios, y el agua salió con chispas azul cielo, llenando el ataúd. Mamá balbuceó cuando alcanzó su nariz.
--Solo respira --gritó Ed sobre el sonido del líquido corriendo--. Solo relájate.
Un grupo de burbujas salieron por el agua, ocultando su cara. Agitó su cabeza, no permitiendo que el agua la ahogara, pero un momento después, se rindió. El líquido la cubrió. Ed apagó la manguera y las ondas desaparecieron. El agua estaba quieta. Ella estaba quieta.
Ed y Hassan bajaron la tapa del ataúd de mamá. Pusieron la caja contra la pared del fondo, y sólo cuando la dejaron detrás de una pequeña puerta, noté todas las pequeñas puertas en la pared, como las de una morgue. Tiraron de la palanca hacia abajo. Un silbido de vapor se escapó por la puerta, el proceso de congelamiento había terminado. Un segundo, mamá estaba ahí, y al siguiente, todo lo que la hacía "mamá", estaba congelado y estancado. Era como si estuviese muerta por los siguientes trescientos siglos, hasta que alguien abriera la puerta y la despertara.
--¿La chica ahora? --preguntó Ed.
Di un paso adelante, volviendo puños mis manos para que no temblaran.
--No --dijo papá.
Sin esperar la respuesta de papá, Ed y Hassan ya estaban preparando otro ataúd. No les importaba si era él o yo; simplemente estaban haciendo su trabajo.
--¿Qué? --le pregunté a papá.
--Yo iré ahora. Tu madre no estaría de acuerdo con eso...ella pensó que te quedarías atrás, que decidirías no venir con nosotros. Bueno, te estoy dando esa opción. Ahora voy yo. Luego si quieres marcharte, no congelarte, está bien. Les dije a tus tíos. Están esperando afuera: estarán ahí hasta las cinco. Luego de que me congelen, puedes simplemente alejarte. Mamá y yo no lo sabremos, no por siglos, no hasta que despertemos, y si decides vivir en vez de congelarte, estará bien.
--Pero, papá, yo..
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--No. No es justo para nosotros culparte de eso. Será más fácil que hagas una decisión honesta si no nos estás enfrentando.
--Pero te lo prometí, le prometí a mamá... --Mi voz se quebró. Mis ojos quemaban dolorosamente, y los cerré fuertemente. Dos rastros de lágrimas calientes bajaron por mi cara.
--No importa. Es una promesa demasiado grande para que la cumplas. Tienes que hacer esta decisión por ti misma... si quieres quedarte aquí, lo entenderé. Te estoy dando una salida.
--¡Pero ellos no te necesitan! ¡Puedes quedarte aquí conmigo! Ni siquiera eres importante en esta misión...¡estás con los militares, por el amor de Dios! ¿Cómo se supone que ayude un analista de batallas en otro planeta? Puedes quedarte aquí, puedes quedarte...
Papá negó con la cabeza.
-...conmigo --susurré, pero no había sentido en pedirle que se quedara. Su decisión estaba tomada. Y de todas formas, no era cierto. Papá era el sexto al mando y aunque eso no lo hacía exactamente comandante al jefe, aun era bastante alto. Mamá también era importante, nadie era mejor en la mutación genética, y la necesitaban para desarrollar cultivos que pudieran crecer en el nuevo planeta.
Yo era la única que no era necesaria.
Papá fue detrás de la cortina y se desvistió, cuando regresó, Ed y Hassan le permitieron usar una tualla de manos para cubrirse mientras caminaba para la cámara Criogénica. Se la quitaron cuando se acostó, y luego obligué a mis ojos a quedarse en su cara, no haciéndolo peor para ninguno de los dos. Pero su rostro irradiaba dolor, una mirada que nunca había visto en papá antes. Esto hizo que mi interior se retorciera con más miedo y más duda. Los vi conectar las dos intravenosas. Lo vi cerrar los ojos. Traté de contener el grito de horror resplandeciendo en mi mente y me mantuve erguida con una columna de hierro y la cara de piedra. Luego papá apretó mi mano, una vez, fuertemente, mientras metían el tubo en su garganta, y yo me derrumbaba por dentro y por fuera.
Antes de que llenaran su caja con el líquido azul, papá levanto la mano, mostrando el dedo menique, yo envolví el mío con el de él. Sabía a lo que se refería. Estaba prometiéndome que todo estaría bien. Y casi le creí.
Lloré tan fuerte cuando llenaron su cámara criogénica que no pude ver cuando su rostro se sumergía en el líquido. Luego bajaron la tapa, lo metieron en su bóveda, y una nube de vapor blanco se escapó por las grietas.
--¿Puedo verlo? --pregunté.
Ed y Hassan se miraron entre sí. Hassan se encongió de hombros. Ed abrió de nuevo la pequeña tapa y sacó el ataúd.
Y ahí estaba papá. El líquido traslúcido estaba congelado, y sabía que también lo estaba papá. Puse mis manos sobre el cristal, deseando que hubiera una manera de sentir su calor a través del hielo, pero me alejé rápidamente. El cristal estaba tan frío que quemaba. Luces verdes parpadearon en la pequeña caja eléctrica que Hassan había fijado en la parte superior del crío-tubo de papá.
No lucía como papá bajo el hielo.
--Así que --Ed dijo--, ¿vas a bajar o vas a dejar la fiesta temprano?
Empujó de nuevo el ataúd de papá en su pequeña ranura en la pared.
Cuando miré a Ed, mis ojos estaban tan llenos de lagrimas que su rostro parecía derretirse, y lucía un poco como un Cíclope.
--Yo...
Mis ojos se deslizaron a la salida, mas allá de todo el equipo de criogenia al otro lado de la habitación. Mas allá de esa puerta estaban mi tío y mi tía, a quienes amaba, con los que podía vivir felizmente. Y más allá de ellos estaban, Maxi y Rebeca y Heather y Robin y todos mis amigos. Y las montañas, las flores, el cielo. La tierra. Mas allá de esa puerta estaba la tierra. y la vida.
Pero mis ojos se dirigieron a las pequeñas puertas en la pared. Detrás de esas puertas estaban mi mamá y mi papá.
Lloré mientras me desnudaba. El primer chico que me vio desnuda fue Maxi, solo una vez, la noche en que descubrí que dejaría atrás todo en la tierra, y "todo" lo incluía a él. No me gustaba la idea de que los últimos chicos que me vieran desnuda fueran Ed y Hassan. Traté de cubrirme con brazos y manos, pero Ed y Hassan me hicieron removerlas para poner las intravenosas.
Y, oh, dios, era peor de lo que mamá lo hizo parecer. Oh, Dios. Oh, dios. Era frío y quemaba al mismo tiempo. Podía sentir como mis músculos se tensaban mientras el líquido azul entraba en mi sistema. Mi corazón quería salir, latir en mi caja torácica como un amante golpeando una puerta, pero el líquido azul hizo lo contrario y redujo el ritmo, así que en lugar de latidolatidolatidolatido, fue... latido.... latido....
....latido....
...
...
...latido...
...
Ed abrió mis parpados. ¡Plop! Líquido frío y amarillo llenó mis ojos, sellándolos como pegante. ¡Plop!
Ahora estaba ciega.
Uno de ellos, tal vez Hassan, golpeó mi barbilla, y abrí la boca obedientemente. Aparentemente no lo suficientemente grandes. Los tubos golpearon mis dientes. Y abrí la boca un poco más.
Y luego los tubos fueron empujados por mi garganta, fuertemente. No se sentían tan flexibles como lucían, se sentía como un palo de escoba engrasado siendo empujado en mi boca. Tuve ganas de vomitar una y otra vez. Pude probar la billis y el cobre alrededor de los tubos plásticos.
--¡Trágalo! --gritó Ed en mi oído--. ¡Solo relájate!
Fácil para él decirlo.
Unos momentos después de haber terminado, mi estomago se estremeció. Podía sentir como los cables dentro de mí eran jalados y empujados mientras Hassan conectaba la pequeña caja negra en la parte exterior de mi nuevo ataúd.
Sonidos de algo arrastrándose. La manguera.
--No sé por que alguien se enlistaría para esto-- dijo Hassan.
Silencio.
Un sonido mecánico, la manguera siendo abierta, líquido frío, muy frío, roció mis muslos. Quería mover mis manos para cubrirme ahí, pero mi cuerpo no se podía mover.
--No lo sé --dijo Ed--. Las cosas no son precisamente color de rosa en este momento. Nada ha estado bien desde la primera recesión, por no hablar de la segunda. Se suponía que el intercambio financiero iba a traer más trabajos, ¿no es cierto? No conseguí otra cosa que este trabajo, y terminará cuando todos estén congelados.
Otro silencio. El líquido criogénico iba ahora sobre mis rodillas, filtrando frío en los lugares de mi cuerpo que habían estado calientes, el pliegue de mis rodillas, bajo mis brazos, bajo mis pechos.
--No vale la pena tirar tu vida por la borda, no por lo que están ofreciendo.
Ed soltó un bufido.
--¿Lo que están ofreciendo? Están ofreciendo el salario de toda una vida en un solo cheque.
--No vale la pena por un viaje que no terminará sino en trescientos y un años.
Mi corazón se detuvo. ¿Trescientos... y un año? No... está mal. Son trescientos años, no trescientos y un años.
--Esa cantidad de dinero puede ayudar a una familia. Tal vez haga la diferencia.
--¿Qué diferencia? --Hassan preguntó.
--La diferencia entre sobrevivir o no. No es como cuando éramos pequeños. No importa lo que diga The Prez, esa ley financiera no va a ser capaz de solucionar esa clase de deuda.
¿De que están hablando? ¿A quién le importa la deuda nacional y los trabajos?
¡Vuelvan a ese año extra!
-De todos modos, un hombre tiene tiempo para pensarlo --continuó Ed--. Y considerar sus opciones. ¿Por qué retrasaron el lanzamiento de nuevo?
El líquido criogénico tocó mis orejas. Mientras mi ataúd se llenaba, levanté la cabeza.
¿Retraso? ¿Cuál retraso? Traté de hablar, alrededor de los tubos, pero llenaban mi boca, mi lengua y silenciaron mis palabras.
--No tengo idea. Algo sobre el combustible y la respuesta de las sondas. ¿Pero por qué nos están haciendo seguir con todas estas congelaciones según el calendario previsto?
El líquido criogénico creció rápidamente. Giré mi cabeza para que mi oreja derecha pudiera captar su conversación.
--¿A quién le importa? --Ed preguntó.- No a ellos... Simplemente duermen durante todo el proceso. Dicen que la nave toma trescientos años solo para llegar a otro planeta... ¿Cuál es la diferencia de un año más?
Traté de sentarme. Mis músculos estaban duros, lentos, pero luché contra ellos. Traté de hablar de nuevo, traté de hacer un sonido, cualquier sonido, pero el líquido criogénico se derramaba contra mi cara.
--Solo relájate --Ed dijo ruidosamente cerca a mi cara.
Sacudí la cabeza. Dios, ¿Ellos no lo sabían? ¡Un año haría un mundo de diferencia! Era un año más para poder estar con Maxi, ¡un año más para poder vivir! Me registré para trescientos años... ¡no trescientos y uno!
Manos gentiles --¿las de Hassan?-- me empujaron bajo el líquido criogénico. Contuve el aliento. ¡Quería mi año! Mi último año... ¡un año más!
--¡Respira el líquido! --la voz de Ed sonó distorsionada, casi indescriptible bajo el líquido criogénico. Traté de sacudir mi cabeza, pero mientras mi cuello y músculos se tensaban, mis pulmones se revelaron, y el líquido frío se precipitó por mi nariz mas allá de los tubos y hacía mi cuerpo.
Sentí la finalidad del líquido atrapándome en mi ataúd, blanco como la nieve.
Mientras uno de ellos empujaba a mis pies, enviándome a mi bóveda, imaginé que mi príncipe azul estaba afuera de mi pequeña puerta, que realmente podría venir y despertarme con un beso y podríamos tener un año más juntos.
Hubo un, clic, clic, grr, de los engranajes, y sabía que la congelación empezaría en cualquier momento, y luego mi vida no sería más que una nube de vapor blanco que escaparía por las grietas de la puerta de mi bóveda.
Y pensé: Por lo menos estaré dormida. Olvidaré, por trescientos y un años, todo lo demás.
Y luego pensé: Eso estará bien.
Y luego el ¡Whoosh! El flash de la cámara de congelación llenó la pequeña cámara. Estaba en el hielo ahora. Yo era hielo.
Soy hielo.
Pero si soy hielo ¿Cómo puedo estar consciente? Se suponía que debía estar dormida; se suponía que debía olvidar a Maxi, la vida y la tierra por trescientos y un años. Mucha gente había sido criogenizada antes que yo, y ninguno de ellos estuvo consciente. Si la mente es congelada, no puede estar despierta o alerta.
Leí antes sobre las víctimas de coma que se suponía debían estar inconscientes con la anestesia durante una operación, pero realmente estaban despiertos y sentían todo.
Esperé --y pedí-- que no fuera yo. No sería despertada sino en trescientos y un años. Jamás sobreviviría a eso.
Tal vez ahora estoy soñando. He soñado toda una vida, en una siesta de media hora. Tal vez aún estoy en ese espacio entre congelada y no congelada, y todo esto es un sueño. Tal vez aún no he dejado la tierra. Tal vez aún estoy en ese limbo antes del lanzamiento de la nave y estoy atrapada en un sueño del que no puedo despertar.
Tal vez aún tengo trescientos y un años esperando por mí.
Tal vez aún no estoy dormida. No del todo.
Tal vez. Tal vez. Tal vez.
Sólo estoy segura de una cosa: Quiero mi año de vuelta.